NEUROEDUCACIÓN EN EL AULA: ALGUNAS IDEAS CLAVE

El desarrollo de las tecnologías de visualización cerebral ha permitido en los últimos años que podamos analizar el órgano responsable del aprendizaje cuando calculamos, leemos, nos emocionamos, atendemos, memorizamos, jugamos, cooperamos…



Estas investigaciones que provienen de la neurociencia nos están suministrando información relevante sobre el funcionamiento cerebral, especialmente cuando es complementada por la que proviene de otras disciplinas científicas. Y de ello se puede beneficiar mucho la educación.

A continuación analizamos algunas evidencias empíricas derivadas de este enfoque integrador y transdisciplinar que llamamos neuroeducación y que pueden ayudarnos a optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje.

¿Necesita el cerebro emocionarse para aprender?

La ciencia constituye una fuente inagotable de suministro de pruebas que está en continua evolución. A diferencia de lo que se creía años atrás, en la actualidad sabemos que nuestro cerebro está cambiando continuamente, tanto a nivel funcional como estructural.


Esta gran plasticidad nos permite aprender durante toda la vida y ello constituye un elemento motivacional indispensable y una auténtica puerta abierta a la esperanza porque sugiere que debemos esperar la mejora de todos los estudiantes sin excepción.


Cuando enseñamos a nuestros alumnos que el cerebro es plástico, que somos capaces de generar nuevas neuronas o que la inteligencia es maleable, fomentamos una mentalidad de crecimiento en el aula que está muy alejada de los pensamientos deterministas asociados a la genética.

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